Por ello, muchas mujeres decidieron quedarse en casa y abandonar su desarrollo profesional, contribuyendo a seguir con la desigualdad existente entre ambos sexos.

María Amarís García (2004) ha señalado que “tanto la mujer como la familia piensan que es propio de ellas enseñar a las y los hijos normas de comportamiento, organización y aseo”.

Por fortuna, esta diferenciación de las tareas basada en los sexos está cambiando y, hoy en día, las mujeres y hombres buscan romper los roles y estereotipos que limitan su desarrollo como personas, ya sea en el ámbito profesional, como en el personal y familiar.

Hoy, un padre comprometido y cariñoso que toma parte activa en las labores de la casa ya no es visto como un “mandilón”, sino como un papá responsable y dedicado. Los hombres ya no ven amenazada su masculinidad por compartir responsabilidades y relacionarse con una pareja que sea independiente, autosuficiente o asuma un papel de liderazgo en la relación.

Por su parte, las mujeres que continúan trabajando después de tener hijos no son vistas como “malas madres”, sino como trabajadoras que aportan al sostén de la familia.

Cada vez más mujeres y hombres entienden que las relaciones de pareja no están —ni debe estar— basadas en la jerarquía, la sumisión, la autoridad masculina o la desigualdad, sino en la división igual de labores y responsabilidades.

 

Y tú, ¿Qué esperas? 

 

FUENTE: Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres

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Nunca se entra, por la violencia, dentro de un corazón